Teatro de la Palabra: “Queremos darle un espacio al texto como cuerpo”

Teatro de la Palabra: “Queremos darle un espacio al texto como cuerpo”

Inaugurado en 2009 en el mismo lugar donde se encontraba el antiguo Teatro La Feria, el Teatro de la Palabra ha creado su propio sello: presentar montajes cuyo valor sea la del texto teatral original y sin edición. Bajo esa premisa, su director Víctor Carrasco recuerda los orígenes de esta sala y su misión por reconocer la tarea del dramaturgo.

Por Karina Mondaca

Era sólo un adolescente y el director y autor Víctor Carrasco, ya sabía qué haría si llegaba a tener un teatro: poner su dramaturgia por sobre todas las cosas.

Director del Teatro de la Palabra desde 2009, Carrasco tuvo su primer acercamiento a la dramaturgia cuando, hace más de 30 años, cursaba el taller para adolescentes en la Escuela de Fernando González, y cayó en sus manos El Pájaro Azul de Maurice Maeterlinck. “Desde ese momento supe que si alguna vez tenía un teatro estaría completamente dedicado a la palabra en su expresión teatral”, recuerda el director de títulos como Norte de Alejandro Moreno (2008) y Las tres hermanas de Antón Chéjov (2009).

Desde su apertura, el recinto ubicado en la calle Crúcero Exeter 250 de Providencia, ha presentado 12 destacadas obras, entre ellas La Amante Fascista de Alejandro Moreno, Clase de Guillermo Calderón y Constelaciones de Nick Payne, actualmente en cartelera hasta el 9 de mayo. Con diferencias o semejanzas, todos los montajes han contado con un elemento en común: textos originales que no han sufrido ningún tipo de adaptación o edición. “Lo que queremos hacer desde nuestra humilde tribuna, es darle un espacio a la obra, al texto como cuerpo, sin mutilaciones de ningún tipo, para que sea escudriñado por espectador con total libertad”, cuenta Carrasco.

 victor-470x340 A simple vista, una tarea fácil, pero que se torna compleja especialmente cuando se trata de autores que escriben en otra lengua. “La única manera de    llevar a cabo nuestro objetivo es tener la certeza de que ese texto es absolutamente fiel al original y las buenas traducciones no son especialmente    baratas, pues se trata de un oficio complejo e imprescindible. En lo personal me ha costado mucho poner el acento en ese aspecto. Los críticos no suelen   detenerse demasiado en ese ítem y el público lo pasa por alto casi siempre”.

 Para lograr la difícil tarea de poner en valor el texto, el Teatro de La Palabra se ha rodeado de un consejo asesor que incluye a destacados nombres de la  dramaturgia nacional. Luis Barrales, Egon Wolff, Juan Radrigán, Guillermo Calderón y Alejandro Moreno son los actuales encargados de discutir, o más  bien soñar, cómo debería ser un teatro dedicado a los textos. “Es fundamental escuchar la mayor cantidad de voces, por eso la idea es renovar  anualmente el consejo, siempre formado por dramaturgos, para tomar notas de sus inquietudes y necesidades”, explica Carrasco.

Cuando comenzó con el teatro, ¿buscaba diferenciarse del resto de las salas? 

Sacar adelante un proyecto de esta naturaleza no es sólo para diferenciarse del resto de las salas. Como pasa en muchas partes del mundo, los directores realizan versiones de las obras, reescrituras que intervienen los textos y los modifican pues es una necesidad el tensionarlos y cruzarlos con otros textos o con la contingencia para volver a leerlos. Contra eso no tengo nada que decir, me parece un ejercicio saludable y necesario. El problema es que en Chile esa corriente gana cada día más adeptos y como no hay teatros institucionales o compañías que se interesen en la obra de un autor determinado, hay generaciones completas de directores y actores que jamás han visto Shakespeare, Racine, Chéjov o Brecht, sólo por nombrar a algunos, en versiones completas y creo que eso es grave. Leer textos dramáticos es muy importante, pero todos sabemos que esa lectura se completa con la puesta escena.

¿Cómo se identifica un buen texto? ¿Qué elementos debe contener?

La maravilla de un buen texto es que te conmueve como lector. Nada más. No hay recetas, no hay manera de hacer un decálogo para detectarlo. Una buena obra me tiene que emocionar, complicar, entusiasmar y crear la necesidad de llevarla a escena, pero siempre desde ese primer estímulo que es la lectura. Lo maravilloso de eso que es la dramaturgia sigue gozando de muy buena salud en el mundo entero y se siguen produciendo textos que invitan al espectador a viajar hacia el interior y dejar que las palabras resuenen libremente.

¿Cómo es el proceso de curatoría del Teatro de la Palabra? ¿Qué criterios utilizan para armar la programación del año?

Es simple. El teatro acepta proyectos de puesta en escena de textos completos, sin cortes, tanto de autores nacionales como extranjeros con más de cinco años de experiencia. Aunque parezca extraño, esa sola condición deja fuera a casi la mayoría de los montajes en Chile, pues ha prosperado la idea de cortar todo lo que carezca de sentido o prescindible por el director y los actores, poniendo por sobre el texto a la dirección como una autoría que relega al texto y al trabajo del dramaturgo en un segundo lugar. En el caso de los ciclos de autor que hemos hecho, o en las temporadas con una temática determinada, como el ciclo de Teatro Político, le pedimos al consejo que lea los textos y dictamine cuáles le parecen más interesantes y con mayor proyección para darles un espacio.

Actualmente están presentando con éxito la obra Constelaciones y en mayo recibirán el nuevo trabajo de Trinidad González, Pájaro, como parte del Ciclo Teatro Hoy. ¿Qué se viene para después? 

La palabra éxito puede sonar engañosa desde el punto de vista económico y también desde lo artístico. El teatro a pesar de estar mostrando hoy una obra de Nick Payne, nacido bajo el alero del Royal Court, y que efectivamente ha llenado la sala, no financia los gastos mínimos de operación, por lo tanto el esfuerzo que hay que hacer es doble. El trabajo de Trinidad González viene avalado por Guillermo Calderón, que para mí es un referente muy importante. Él me comunicó por qué creía que era necesario que ese texto fuera puesto en el Teatro de la Palabra y con eso me bastó para programarlo. Luego viene La Gaviota, obra que todavía está en proceso de traducción y que estrenaremos en Octubre.

Habla de problemas económicos y que miran con un poco de inseguridad el futuro. ¿Cómo se mantiene el Teatro de la Palabra durante el año?

El teatro tiene por ahora con sólo dos formas de financiamiento. La taquilla, que es totalmente impredecible, y mis aportes personales. Pero siendo realista el modelo antes descrito no da para más y es lamentable que el proyecto no encuentre eco donde corresponde, que son los fondos de Consejo de la Cultura y las Artes, pero hay que aceptar las reglas del juego y enfrentar la realidad. En este momento tenemos dos alternativas: intentar seguir adelante sorteando las deudas con audacia temeraria o ponerse un límite para bajar el telón definitivamente, con la plena convicción de que hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para llevar adelante un teatro focalizado en la dramaturgia.

Otro de los objetivos de La Palabra era implementar una biblioteca especializada en textos de dramaturgia nacional e internacional. ¿Cómo va ese proyecto?

La biblioteca partirá con la donación de mis textos que son todos los que he logrado recopilar en 30 años de lectura dramática. También tenemos ofrecimientos de terceros, que sin duda ampliarían y enriquecerán la oferta. Pero volvemos a lo mismo, para llevar adelante esa parte del proyecto necesitamos recursos para clasificar y poner en marcha ese espacio del teatro que está destinado a la lectura.

Foto: Teatro de la Palabra
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