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23.6.2015 | None

Límites: rompiendo los compartimentos estancos

Límites: rompiendo los compartimentos estancos

Hay algo contundente en estas pequeñas historias cotidianas acompañadas de recreaciones que funcionan como fábulas sin pretensión, transfiguradas a través del uso de cierto imaginario pop y devueltas como el juego de espejos que el buen teatro busca provocar.

Por Carlos Reyes

Guionista y
editor

 

 

Con el objetivo final de poner en evidencia la idea de artificio contenida en la noción de confín, de contorno, un grupo de actores y actrices provenientes de Chile y Argentina, realizan Límites, una propuesta teatral experimental, heteróclita, interesante, pero irregular.

El viaje del director Ítalo Gallardo y la compañía La Laura Palmer comienza con un recuento (un pretexto para continuar la exploración) de los hechos que casi llevaron a Chile y a Argentina al borde de una guerra que, de haberse desatado, habría estado más al servicio del los delirios patrioteros de las dictaduras que asolaban por esos años a ambos países, más que a intereses nacionales genuinos.

La puesta en escena ofrece así un recuento de los datos históricos de esta guerra que no se produjo y que se ofrecen al espectador en una suerte de documental que utiliza acertadamente maletas, videos, maquetas junto a un despliegue audiovisual low tec que se repetirá a modo de leit motiv a lo largo de todo el montaje.

No obstante, el momento más logrado es sin duda alguna el paso a las autobiografías, a las historias personales. En ese instante, cada actor y actriz revisita y fisura efectivamente el artificio de los límites personales y sociales que nos dividen y nos convierten en habitantes de un mundo de compartimentos estancos que separan artificialmente lo que podría estar unido. Estos testimonios personales logran conectar y se quedan prendados en la retina emotiva del espectador mientras es bombardeado por recursos simples y efectivos que van ilustrando el paisaje interior de cada confeso.

Hay algo contundente en estas pequeñas historias cotidianas acompañadas de recreaciones que funcionan como fábulas sin pretensión, transfiguradas a través del uso de cierto imaginario pop y devueltas como el juego de espejos que el buen teatro busca provocar. Pero la lograda ilusión de este buen momento se rompe luego por actuaciones irregulares, dubitativas, tal vez poco engrasadas aún.

Límites es un trabajo que busca abrir puertas, pero que a ratos las deja a medio camino. Un trabajo que usa con sobriedad la tecnología y la pone al servicio de lo que quiere contar. Una compañía en busca de su propio lenguaje. Una pieza en proceso de maduración. Un colectivo que, si logra superar sus ripios, está destinado a crecer en su viaje de franca experimentación.

Más allá de las opiniones de esta breve recapitulación, Límites deja clara su exigencia final de que ya es tiempo, en el caso particular de nuestro país, de que seamos capaces de entender nuestras propias fronteras artificiales ya no como un muro que divide, sino como una puerta que efectivamente podría llegar a conectarnos.

Límites. Hasta el 5 de julio en Teatro Sidarte, de jueves a sábado a las 20.00 horas y domingos a las 19.30 horas. Venta de entradas aquí.

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