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28.12.2016 | None

Cristián Plana: “La premisa es dejar que hablen los cuerpos para que configuren una nueva versión de este clásico”

Cristián Plana: “La premisa es dejar que hablen los cuerpos para que configuren una nueva versión de este clásico”

A casi un mes del estreno de Un tram che si chiama desiderio (Un tranvía llamado deseo) en el Teatro Stabile di Napoli, en Italia, el director se prepara para llevar a escena la obra de Tennessee Williams en el Festival Santiago a Mil.

Por Diana Torres

Cristián Plana es un director que se mueve entre Chile e Italia, recientemente llegó de Nápoles para presentar por primera vez, para Chile y Latinoamérica, el montaje Un tram che si chiama desiderio (Un tranvía llamado deseo), que estrenó en el Teatro Stabile di Napoli el pasado 30 de noviembre y que durante el Festival Santiago a Mil exhibirá del 14 al 17 de enero en la Sala Antonio Varas.

La propuesta llegó a partir de un acuerdo que firmó el Teatro y Fundación Teatro a Mil, la cual promovía el intercambio de profesionales teatrales entre Chile y dicho país. Una oportunidad para enriquecer el trabajo y ampliar barreras culturales. En ese sentido para el director, “sin quererlo conscientemente, nos hemos contaminado, nuestras diferencias nos obligan a modificarnos, he tenido que ser muy flexible si no sería imposible avanzar en conjunto, porque esa forma de hacer teatro, esas dinámicas, esos protocolos, esas jerarquías no existen para nosotros, al menos para teatristas independientes como yo”, señaló.

El texto original del dramaturgo estadounidense Tennessee Williams fue traducido por Masolino D’Amico y muestra el encuentro inquietante de su protagonista, Blanche Dubois, con la prepotente realidad en la cual vive su hermana Stella junto a su esposo Stanley, el cual terminará transformándose, como ella misma dice, en su verdugo. Bajo el estilo gótico sureño del texto, el autor construye un relato donde va retratando de manera perversa a una mujer, Blanche, quien se verá enfrentada a un escenario siniestro, una trampa de la cual sólo podrá salir de la mano de un extraño.

De esta manera se teje una historia que Plana (Castigo y Paso del norte), conoció anteriormente desde el rol de asistente de dirección. Acompañó los procesos de referentes como Frank Castorf, Daniel Veronese y Alfredo Castro, instancias que ha propiciado una mirada distinta para Cristián Plana,

“He visto tres lecturas, tres formas de narrarla, tres maneras de respirarla. Yo la enfrento desde una lectura bastante cercana al original, por exigencias de la producción, lo cual me ha obligado a dejar de lado cualquier arrogancia como director, hemos hecho un análisis racional del texto y también por mi parte ha habido una especie de ensoñación ya que se trata de un material que habita ya en mi inconsciente”, enfatizó.

Este proyecto es el segundo trabajo que Plana realiza con la prestigiosa institución, anteriormente había liderado la versión italiana de la adaptación de La señorita Julia, de Strindberg, la cual tuvo gran éxito. Ahora, en este ir y venir, prepara maletas, “viajo a Nápoles por seis semanas a trabajar intensamente y después me devuelvo a seguir trabajando en Chile”.

Ante la pregunta de proyectarse en el extranjero, el director asume que “por supuesto que volvería si tengo el tiempo y sobre todo si de parte de la producción italiana existe la genuina intención de ofrecerme un proyecto teatral donde pueda aportar desde mi oficio, sin exigencias que pasen a llevar mi mirada artística”.

La obra de Tennessee Williams habla de temas universales, como la sexualidad, la familia y el ser humano.  En este sentido, ¿desde qué lugar se plantea la obra y qué temas relevas del texto original?

La Puesta en Escena busca relatar de manera clara la historia original, acentuando la vulgaridad, la promiscuidad y el grotesco que son rasgos propios del estilo literario al que pertenece la obra, el gótico sureño norteamericano. El tema que se revela escénicamente de manera más explícita es el del delirio persecutorio de Blanche Dubois, el estado paranoide que acosa a la protagonista y determina su destino en la obra. Los demás temas como la sexualidad, la familia, la violencia, aparecen pues son inherentes a la escritura de Williams y se abordan evitando cualquier tipo de juicio moral o dramatismo convencional.

¿De qué manera estás pensando potenciar este clásico desde la premisa de la dirección?

La premisa es dejar que hablen los cuerpos para que configuren una nueva versión de este clásico, inédita, honesta y real. Hay una idea muy clara de Puesta en Escena que condiciona el trabajo actoral, Angela Gaviraghi es la escenógrafa y vestuarista que ha hecho un trabajo maravilloso junto a Cesare Accetta, gran iluminador italiano.

Se te considera el director más premiado del teatro chileno, ¿cómo ha sido lidiar con las categorías y con el reconocimiento?

Premiado me siento cuando tengo la posibilidad de trabajar, de poder salir de gira fuera de Chile con dichas creaciones, de poder retribuir económicamente de manera digna a las personas que se suman a los proyectos que dirigijo, cada vez que esto sucede me siento premiado, porque soy consciente que no siempre es así para todos los creadores teatrales, por lo tanto me siento privilegiado al poder premiar de manera concreta y no sólo simbólica a la gente que se sacrifica en pos de un proyecto artístico que uno encabeza.

Un tram che si chiama desiderio (Un tranvía llamado deseo), se presenta durante el Festival Santiago a Mil del 14 al 17 de enero en la Sala Antonio Varas. Más información sobre la programación aquí.

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