“La escena final es apoteósica, una desmesura escénica y un desmadre que quiebra el realismo imperante” – La Tercera.

Castigo es la puesta en escena de un episodio de infancia relatado por el sueco August Strindberg en su novela autobiográfica El hijo de la sierva, escrita a finales del siglo XIX. La escena gira en torno al castigo recibido por el niño Strindberg a manos de su padre, en complicidad cruel con su madre y presenciada compasivamente por su niñera. Se trata de un retrato arquetípico que pretende dar cuenta de los vicios y abusos enquistados en esta intangible institución moral llamada familia. En Castigo se exponen conflictos humanos que trascienden la biografía del autor, permitiendo al espectador mirarse en la escena y verse reflejado como en un recuerdo de infancia donde se mezclan siniestramente la memoria y la imaginación, reconstruyendo, y a la vez ensoñando, un pasado inmemorial.

Texto basado en un escrito autobiográfico de August Strindberg Puesta en escena Cristián Plana Asistente de dirección Carla Casali Elenco Rodrigo Soto, Alexandra Von Hummel , Daniela Ropert, Diego Salvo, Natalia Ríos Diseño integral Belén Abarza Sonido Diego Noguera Realización de escenografía Fernando Quiroga, Sandro Compayante, Cristián Canales Coproducción Teatro La Memoria – Fundación Teatro a Mil Estreno 21 marzo 2013, Teatro La Memoria, ciclo Teatro Hoy de Fundación Teatro a Mil (Chile)

Cristián Plana es actor de formación, que se volcó a la dirección teatral con Werther, en 2003. Dos temporadas más tarde estrenó Mi madre y luego ingresó al Seminario de Dirección Teatral del Centro de Investigación La Memoria. En 2008 montó Partido, adaptación de una pieza de Thomas Bernhard que participó en el Festival Santiago a Mil del año siguiente en la categoría Teatro Emergente. Le siguió otra adaptación sobre Bernhard, Comida alemana, que estuvo en el mismo festival en 2010. El trabajo de Plana en estas adaptaciones se ha caracterizado por reubicar las historias originales en el Chile reciente y por crear asfixiantes atmósferas.

“Se trata de un espectáculo brillante casi sin notarse, tan profundo como gracioso, un espectáculo que bien puede pasar inadvertido, simplemente como una buena historia, pero que tiene doble y triple fondo, es una trampa en la que es muy fácil caer” – Sangría.

“Es un ejercicio teatral de alta exigencia, que tiene, como es lo propio del arte, diversos niveles de expresión. Lleva a cada espectador a abrirse a las resonancias internas que esas acciones silenciosas le puedan provocar” – El Mercurio.

“La escena final es apoteósica, una desmesura escénica y un desmadre que quiebra el realismo imperante” – La Tercera.

“El resultado es un montaje de enorme fuerza plástica, con actuaciones deslumbrantes, que confirma el talento de Cristián Plana en la dirección escénica. Y su indudable empatía con el universo del dramaturgo sueco” – Revista Qué Pasa.

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