Víctor Jara y su vínculo con el teatro a 45 años de su muerte

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14 septiembre 2018

Víctor Jara y su vínculo con el teatro a 45 años de su muerte

El 16 de septiembre de 1973, Víctor Jara fue asesinado por militares de la dictadura chilena. Hoy, a 45 años de su muerte, quisimos recordarlo a través de la que quizás es una de sus facetas artísticas menos conocida: la dirección teatral.

Por Lorena Caimanque 

No se puede hablar de Víctor Jara y su vínculo con el teatro sin partir por su historia familiar y especial relación con el mundo campesino. Quienes han estudiado la vida del cantautor, ven en su infancia y crecimiento en el campo el principal motor de su arte.

Gabriel Sepúlveda, autor del libro Víctor Jara, su vida y el teatro (Editorial Ventana Abierta), cree que el acercamiento del cantautor con las artes escénicas comienza casi de manera inconsciente, y se vincula con todas las tradiciones campesinas que lo rodearon desde pequeño: “Víctor crece en un ambiente cargado de ritos y elementos musicales, una tradición que, sin duda, es fuertemente teatral”.

Sobre cómo lo define su infancia, el actor Daniel Alcaíno − gran admirador del trabajo de Jara – añade: “muchas cosas le fueron sucediendo en su niñez y juventud. Buscó en distintas partes su vocación hasta que descubrió el teatro. Yo creo que entrar a estudiar a la Universidad de Chile fue fundamental en la formación de Víctor en términos de darle sentido y orientación a toda esa fuerza creadora que venía dentro de él”.

Tras la muerte de su madre −la también folclorista Amanda Martínez−  y luego de dejar sus estudios como seminarista y hacer el servicio militar, Víctor ingresa al coro de la Universidad de Chile, experiencia que lo acerca desde otro lugar a la representación y las artes escénicas: “Desde su puesto como corista empieza a disfrutar de diversos espectáculos de teatro. Le gusta tanto, por ejemplo, el trabajo de la compañía de mimos de Enrique Noisvander, que postula y comienza a trabajar con la agrupación, transformándose en un excelente mimo, con gran expresión física y gestual”, relata Gabriel Sepúlveda.

Luego de esto y quizás con una idea más clara de lo que realmente quería hacer, a los 24 años Víctor comienza a estudiar teatro en la Universidad de Chile, periodo en el que hará grandes amigos, entre ellos, Alejandro Sieveking, quien será fundamental en sus inicios como director de teatro.

Así es como, siendo un estudiante de teatro de la Universidad de Chile, Víctor Jara dirige Parecido a la felicidad (1959) y más tarde la obra Ánimas de día claro (1961), ambos textos escritos por Alejandro Sieveking. El éxito de estos montajes es tal que, además de recorrer Latinoamérica con ambos montajes, en 1962 Ánimas de día claro pasa a formar parte de la temporada oficial del Teatro Antonio Varas, un escenario poco usual, por esos años, para una obra hecha por estudiantes recién egresados.

Sobre estas primeras incursiones como director, Gabriel Sepúlveda comenta: “Víctor nunca se sintió muy cómodo actuando dentro de ese formato que enseñaba la Universidad de Chile, que era una cosa bastante intelectual. De hecho, si uno revisa las planillas de notas de los ramos de actuación y de voz, no se destacaba mucho, pero si usted ve los ramos de movimiento pasa todo lo contrario. Probablemente al no sentirse cómodo actuando, pero siendo un amante del teatro, empieza a derivar en otras disciplinas, y casi por casualidad llega a dirigir la obra de Sieveking”.

Un hombre de teatro

Hasta ese momento la carrera de Víctor Jara como músico no era todavía muy popular. Es en 1965, luego de dirigir obras como Los invasores o clásicos del teatro chileno como La Remolienda, cuando comienza a hacerse más conocido como solista y a plasmar de manera más evidente la musicalidad en sus montajes.

“Yo creo que el teatro fue el lugar donde él maceró y fermentó su creatividad” − dice Daniel Alcaíno – “y luego se encontró con Violeta Parra y empezó a poner todo esto al servicio de la gente, las calles y las manifestaciones. Pero lo teatral siguió viviendo en su música. O sea, cada canción de Víctor tiene una atmósfera, un comienzo, un desarrollo y un final. Sabía muy bien dónde estaba lo crucial, cómo se desarrollaba una historia, cómo se llegaba a ese punto cúlmine”.

Desde lo que ha podido estudiar − añade Gabriel Sepúlveda – se consolidó primero como hombre de teatro y después como músico, más allá de que los caminos hayan corrido de forma paralela durante muchos años. “Víctor nunca escribió una obra de teatro, pero sí podríamos decir que ese lado suyo se expresó en las canciones, pues muchas de éstas creaban personajes. Va incorporando un sentido narrativo y teatral a sus composiciones hasta llegar al disco La Población que es el momento más evidente de ver escrita una obra”.

Sublimar el espíritu campesino

El año 1973, Bélgica Castro y Alejandro Sieveking invitan a Víctor Jara a dirigir La virgen de puño cerrado. El montaje queda paralizado a raíz del Golpe Militar y posterior asesinato del cantautor.

“Víctor Jara representaba lo que genera más miedo en estas personas: un campesino que, transformado en un esteta de gran nivel, era capaz de convocar a grandes masas. Él logró sublimar el espíritu de campesino, procurando  llevar a escena el alma del campo, la candidez de los personajes”, explica Gabriel Sepúlveda, agregando que tal vez Andrés Pérez haya sido uno de sus más fieles herederos en el teatro, “probablemte Andrés haya tenido ese espíritu de llevar a escena este pueblo sublimado, alegre, emporedado y protagonista. Un pueblo que, por sobre todas las cosas, es una proyección de lo ritual que trasciende”.

La misma conexión con Andrés Pérez encuentra el actor Daniel Alcaíno, incluso  lo ve como una especie de García Lorca de Chile, “un hombre que abarcó todas las artes, la música, la pantomima, y que quiso a través de la expresión artística volver un sentimiento puro y verdadero, que en el fondo es la voz del hombre simple, del oprimido, del campesino, del que a pesar de todo,  logra ver cosas maravillosas en su entorno. Yo creo que ese es el aporte fundamental, que supo, a través de la cultura, llegar a la gente y devolverle a ellos lo que le habían entregado”.   

 

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