El camino teatral de Roberto Parra revive en "El golpe, un relato de memoria"

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15 mayo 2018

El camino teatral de Roberto Parra revive en El golpe, un relato de memoria

Tres obras editadas y estrenadas, más manuscritos inconclusos, cuentos, décimas y otros textos que aún no ven la luz forman parte del legado literario del quinto hijo del virtuoso clan chillanejo, y la pluma tras los exitosos montajes La negra Ester y El desquite. Desde el próximo 31 de mayo, en el marco de Teatro Hoy vuelve El golpe, un relato de memoria, oportunidad para revisitar la figura del también cultor de la cueca chora y el jazz huachaca.

Por Gabriela González

Tres obras editadas y estrenadas, más manuscritos inconclusos, cuentos, décimas y otros textos que aún no ven la luz forman parte del legado literario del quinto hijo del virtuoso clan chillanejo, y la pluma tras los exitosos montajes La negra Ester y El desquite. Desde el próximo 31 de mayo, en el marco de Teatro Hoy vuelve El golpe, un relato de memoria, oportunidad para revisitar la figura del también cultor de la cueca chora y el jazz huachaca.

Nicanor y Roberto Parra

“…el tema, Roberto, no te salgas del tema”, decía Nicanor Parra a Roberto, su hermano menor, al revisar alguno de los manuscritos que el cultor de la cueca chora y el jazz huachaca le llevaba de cuando en cuando al antipoeta. “Todo lo que hago lo ve y estudia antes que nadie”, confesaba en una entrevista al diario El Siglo en 1991.

Roberto Parra Sandoval (1921) era el quinto hijo del matrimonio de Nicanor Parra y Clarisa Sandoval, y tenía desde joven el hábito de escribir. Pero era desordenado y errante, por lo que sus creaciones se perdían entre los avatares de su vida bohemia y accidentada. No será sino hasta los años setenta, cuando empieza un trabajo de registro de su escritura, impulsado por su esposa Catalina Rojas, quien comienza a regalarle cuadernos para que ponga en ellos sus creaciones y los guarda una vez que están completos. Alcanzó a llenar 60.

Un relato de memoria

El 11 de septiembre de 1973 encuentra a Roberto Parra casado, con una hija, con el disco Las cuecas del Tío Roberto editado y con el proyecto Las Décimas de La negra Ester ya iniciado.

El Golpe de Estado lo violenta desde muchos puntos de vista: lo obliga a trabajar como músico ambulante y lo impulsa a llevar al papel a través de décimas su cotidianidad en un país en dictadura. Esa serie de postales íntimas de la represión y de la violación a los Derechos Humanos se editará años después bajo el título de El golpe.

El primer manuscrito de esa obra se escribió en 1973 y se perdió. Posteriormente en los años 80 Roberto Parra lo vuelve a poner en papel y en los 90 se realiza una nueva reescritura de la obra.

Fueron justamente dos de los manuscritos de ese trabajo los que recibió la dramaturga Florencia Martínez con la invitación a llevarlos a escena. El montaje El golpe, un relato de memoria finalmente incluyó también información contenida en el libro homónimo publicado en 1998 y la obtenida en encuentros con la viuda de Parra.

“Lo que yo hice fue tomar esos dos manuscritos y organicé los materiales por temas.  Entonces la obra está escrita en capítulos: El golpe, La noche, La calle, A la tortura, El exilio al final la justicia y La frustración. La puesta en escena tiene un arco dramático que trabajamos en conjunto con la Soledad Cruz (directora) y Nicolás Pavez (actor)”, cuenta la dramaturga.

La obra, estrenada en 2013 en la Biblioteca Nacional y remontada en 2017 en el marco de proyecto 6 Historias de Dictadura del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, volverá a la cartelera esta vez como parte del ciclo Teatro Hoy de la Fundación Teatro a Mil. La temporada comienza el 31 de mayo en la sala B1 del Centro GAM, y se extenderá hasta el 23 de junio.

“Lo más lindo y lo más valioso de esta obra es que son casos anónimos de violaciones a los Derechos Humanos. Es gente de la periferia, del campo, personajes cuyas historias no ha sido contadas, entonces además del rescate patrimonial de las décimas, se trata de rescatar a esa gente que se quedó sin voz”, comenta Florencia. “Roberto lo escribe con un sentido del humor muy particular. Es conmovedor”, añade.

“La obra, a partir de este hablante que es Roberto, es un viaje a un Chile que se intentó clausurar, es un recorrido hacia un Chile anónimo, a la identidad más recóndita y a la vez una oportunidad para reconocerse. Esa es nuestra apuesta, conmover desde ese lugar”, complementa Nicolás Pavez, responsable de interpretar a Roberto Parra y a otros hablantes en el montaje.

“Yo no sé cómo dio tanto que hablar”

“Su aporte es obviamente haber enriquecido la teatralidad chilena de un modo enorme con recursos que no son nuevos, pero de un modo único, refrescando la escena y volviendo a tirar al ruedo algo que estaba en la tradición, pero de un modo muy actualizado”, dice la académica e investigadora María de La Luz Hurtado en relación al valor del trabajo de Roberto Parra en el teatro.

Añade que “el tema identitario surge con mucha fuerza en su obra y aparece con todos los elementos de la cultura popular: humor, parodia, sentimientos, drama, poesía con elementos de la naturaleza, etcétera”. En la misma línea, el actor Nicolás Pavez, agrega que en la obra de Roberto además “se evidencia un orgullo por el lugar de origen, lo reconoce como propio y trabaja con él”.

Las Décimas de la Negra Ester, narración sobre la historia de amor entre Ester y Roberto Parra en un prostíbulo de San Antonio, se editaron en 1980. Luego de varios intentos de llevarlas a escena caen en las manos del director Andrés Pérez, justo cuando acaba de regresar de Francia luego de haber trabajado durante seis años en la compañía Teatro del Sol. “Andrés estaba añorante de encontrarse con lo que allá (Francia) no podía explorar. Fue un encuentro muy oportuno. Él capta de inmediato el valor poético de la obra”, comenta la investigadora.

Parra y Pérez se reúnen todas las mañanas a trabajar en adaptar las décimas a un texto dramático, no sin dificultades debido a que Roberto concebía su escritura como algo eminentemente biográfico. “Andrés le pidió a Roberto que escribiera la escena de su visita a doña Clarisa Sandoval, y él se negaba porque esa visita nunca sucedió. Le explicaba que su hermano Nicanor le sugirió que viajase, pero que él no había ido. Entonces Andrés le dice que escriba cómo habría sido si hubiera ido. Roberto refuta, pero finalmente accede y así se crea esa preciosa escena del encuentro de la familia Parra”, explica. “Roberto y Andrés lograron una sociedad creativa que fue muy fructífera”, comenta Hurtado.

“Roberto Parra fue un genio”, afirma Boris Quercia, actor que tuvo que interpretarlo en la primera versión de La Negra Ester, estrenada el 9 de diciembre de 1988 en la Plaza de Puente Alto. “Musical y poéticamente su obra es enorme”, añade.

A treinta años del estreno de la emblemática pieza del teatro chileno, Quercia rememora la experiencia con mucho cariño “y recordando que nunca se sabe qué cosas, de las que uno hace, van a funcionar y cuáles no”. Detalla: “Después de unas semanas de funciones en Puente Alto estuvimos a punto de dejar de dar la obra, ya que lo que ganábamos no nos alcanzaba ni siquiera para pagar la locomoción. Andrés dijo entonces que hiciéramos unas funciones más en el cerro Santa Lucía para cerrar el ciclo. Luego del estreno en el cerro la obra estuvo en cartelera por cuatro años seguidos”.

“Como hilos se me ponen (las piernas) con tanto aplauso. Yo no sé cómo dio tanto que hablar”, decía Roberto al diario La Época un año después del estreno de la obra que les permitió recorrer varios escenarios internacionales. Estuvo en Europa acompañando al Gran Circo Teatro, tocando música y vendiendo antes de las funciones su libro de décimas.

Roberto ParraLuego de una exitosa primera experiencia teatral, Roberto Parra se embarca en una nueva aventura. Esta vez el objetivo era escribir una historia ambientada en el campo chileno que retara el patronazgo, centrado principalmente en la mujer. El desquite se estrena en 1995 también bajo la dirección de Andrés Pérez.

“Roberto ya había aprendido a escribir para teatro cuando trabajó con Andrés”, dice María de la Luz, quien fue la primera en publicar el texto en la revista Apuntes de la Universidad Católica a tres meses del estreno. “Aprendió muy rápido”, acota.

“Es interesante que Roberto se saltaba muchas convenciones del teatro que acompañan al espectador. No le importaba la verosimilitud, por eso hacía cortes muy rápidos y que eran fascinantes porque ibas de sorpresa en sorpresa quedando en los núcleos fundamentales de lo que estaba ocurriendo”, dice la investigadora.

Para Boris Quercia, El Desquite “es una de las grandes obras del teatro chileno”. El actor también formó parte del elenco que llevó al cine la obra, bajo la dirección de Andrés Wood en 1999.

“Roberto es también nuestro poeta maldito, fuera de todo sistema, viajando de polizonte en los trenes, durmiendo bajo la barra de las cantinas, viviendo en los prostíbulos de los puertos. Y desde ahí logra sacar los más hermosos sentimientos. Creo que conectó muy bien con el teatro y que sus personajes encontraron ahí un lugar donde vivir”, acota Quercia.

“El encuentro entre Roberto Parra y el teatro es un regalo para nuestra cultura, de una productividad en todos los planos: artístico, humano, social e identitario”, concluye María de la Luz Hurtado.

“Yo no vivo de fantasías, sólo escribo cosas que formaron parte de mi vida”, señaló Roberto Parra en medio del éxito de La Negra Ester.

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