Laura Pizarro y el primer Teatro a Mil: “Fue un espacio para empezar a pujar juntos por algo, con un sentimiento colectivo de hacer más presente el arte escénico"

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28 diciembre 2017

Laura Pizarro: “Teatro a Mil fue un espacio para empezar a pujar juntos por algo, con un sentimiento colectivo de hacer más presente el arte escénico”

Siendo integrante de la entonces la compañía La Troppa, la actriz estuvo hace 25 años en la primera edición del hoy Festival Internacional Santiago a Mil, cuando eran un colectivo que vislumbraba gran proyección. Ahora, parte de la agrupación que fue refundada como TeatroCinema, presentará Gemelos y Pinocchio, montajes  que regresan a la edición 2018 del Festival.

Por Gabriela González

La prensa chilena lo consignaba en 2005: “El teatro lamenta el fin de La Troppa”. Comenzaba el año y se confirmaba el fin de unos de los colectivos teatrales más destacados de los últimos años. Luego de exitosos trabajos escénicos —varios de ellos considerados hoy obras fundamentales del teatro chileno—, giras nacionales e internacionales y la consolidación de un lenguaje escénico único, se ponía fin a 18 años de trabajo  conjunto de Jaime Lorca, Laura Pizarro y Juan Carlos Zagal.  La Troppa dejaba una huella imborrable en la historia escénica nacional y sembraba dudas sobre el futuro de tan exitosa compañía. Sin embargo, Juan Carlos Zagal ponía paños fríos a la situación declarando en los medios de comunicación que “aún hay mucha vida por delante, mucho trabajo y en eso estamos”. No se equivocaba.

Los Que No Estaban Muertos

Se conocieron en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica en los años 80’. Dejaron la institución confiados en su intuición creativa y comenzaron a trabajar horizontalmente bajo el nombre de Los Que No Estaban Muertos. Estrenaron El santo patrono (1987), Salmón vudú (1988) y El rap del Quijote (1989), trabajos en los que se podía visualizar ideas que luego se transformarán en elementos propios de su lenguaje teatral.

EL RAP DEL QUIJOTE

El Rap del Quijote, de La Troppa (c) Archivo Fortín Mapocho

En su crítica sobre la obra Salmón vudú en la revista Análisis, Juan Andrés Piña planteaba que Lorca, Pizarro y Zagal presentaban una creación que iba “al revés de lo que ha hecho el teatro chileno adulto en estos años. Salmón vudú es una obra que no está interesada en contingencias ni mensajes demasiado obvios, ni siquiera en poseer ciertos ganchos políticos o sociales que aseguren parte de una taquilla”. Concluía el artículo destacando que el colectivo aportaba “de pasada, otro enfoque al manido realismo del teatro chileno. Merecen prolongarse en otras obras que depuren su estilo”. Cerraba con la profética frase “Incluso es esperable hasta un cambio de nombre del grupo”.

Fortuitamente o no, en 1990 aparecen bajo la denominación La Troppa, con una forma de trabajo distinta a la de otras compañías que emergieron con ellos: no tenían autorías personales ni jerarquías y refutaban la idea del director teatral. “Nos llamamos la Troppa porque le dábamos un valor equitativo a cada uno de los elementos que conformaban el oficio teatral. Nos planteamos como obreros del oficio sin ningún tipo de jefatura, totalmente horizontal. Éramos una tropa juguetona, con dos P y sin generales”, recuerda la actriz y fundadora de la compañía, Laura Pizarro.

En sus puestas en escena fusionaban lo lúdico con la visualidad, por sobre lo discursivo, tomando también elementos propios de otras disciplinas, como el cine y el cómic, para nutrir la escena. “Nunca seguimos las recetas o las formas de hacer, sino que nos planteamos la búsqueda de un lenguaje propio, creyendo que lo colectivo se compone de distintas individualidades, entonces al permitir que todas se expresen, tendrás una unicidad distinta y propia. En esa búsqueda fuimos bien cerrados”, explica ante la pregunta si tenían algún referente creativo.

“Para nosotros la imagen comenzó a ser importante, lo que implicaba que no sólo había que decir lo que se quería sino que también tenía que verse. Continuamos creyendo eso hoy con Teatro Cinema”, declara.

Guiados por esas ideas estrenan en 1990 Pinocchio, adaptación de la novela de Carlo Collodi, con la que depuran su estilo y estética escénica. La obra rápidamente se transforma en una de las piezas más lúdicas y populares de la compañía, con la que giran por varios lugares del mundo. Con este trabajo además son parte de la primera edición del hoy Festival Internacional Santiago a Mil, en 1994.

pinocchio

Laura Pizarro en Pinocchio (1994)

Luego vendría Viaje al centro de la Tierra (1995), adaptación de la novela de Julio Verne, donde volvieron a sorprender con sus escenografías móviles —una increíble locomotora que da vida al relato—, el uso de marionetas y elementos de otras disciplinas como el cine. En 1999 estrenan la que es su obra cúlmine: Gemelos, un drama de guerra que se presenta desde la perspectiva de dos niños que piensan y sienten igual, y que deben sobrevivir en la casa de su malvada abuela. El montaje tuvo funciones en el prestigioso Festival de Aviñón y ha sido uno de las obras que más veces ha regresado a la cartelera local.

“Siendo La Troppa nos cabeceamos mucho en cómo contar la historia de Gemelos sin que hubiera un rechazo inmediato por lo cruenta que es. Acuñamos para trabajar la palabra entretener, que etimológicamente significa tener por un espacio de tiempo el corazón del otro. De alguna manera es lo que tratamos entonces y ahora de aplicar, porque a través de la empatía es cuando más podemos llegar al otro”, dice Laura.

El reconocimiento internacional les permite llevar su trabajo fuera de Chile y conseguir apoyos para sus siguientes creaciones. “Había un apoyo en la producción de las obras y también en el diseño de giras por Europa, principalmente en Francia. Ese apoyo continuó hasta el año pasado”, cuenta la actriz.

Luego del estreno de Jesús Betz (2003) se manifestó el quiebre entre los integrantes de la compañía y el fin de una exitosa etapa creativa que dejó piezas y estéticas fundamentales para las artes escénicas locales.

Teatro Cinema

Tras la disolución de la compañía, Jaime Lorca fundó ViajeInmóvil, agrupación con la que ha continuado trabajando el teatro de objetos, mientras que Laura Pizarro y Juan Carlos Zagal fundaron Teatro Cinema, colectivo desde el cual han profundizado en el lenguaje audiovisual y sus posibilidades en la escena. Hoy tienen a su haber la destacada trilogía compuesta por Sin sangre (2007), El hombre que le daba de beber a las mariposas (2010) e Historia de Amor (2013), además de una adaptación de la novela La contadora de películas (2015) de Hernán Rivera Letelier.

Actualmente preparan su participación junto a la Filarmónica de Los Ángeles en la puesta en escena de La canción de la Tierra, sinfonía de Gustav Mahler que será dirigida por Gustavo Dudamel y con colaboración del chileno Paolo Bortolameolli, director asistente de la Phil LA.

También trabajan en su nueva creación teatral: la adaptación de la novela Plata Quemada de Ricardo Piglia, que se acaba de adjudicar fondos estatales para su realización. “Nos vamos a centrar en el asalto, donde hay muchos contenidos cruzados que tienen que ver con la codicia. No me gusta mucho hablar de lo que uno va a hacer, encuentro que uno lo está amasando recién”, dice con reticencia desde la Aldea del Encuentro de La Reina, lugar que los alberga creativamente luego del cierre de su sala de teatro por motivos económicos. Todo este trabajo lo realizan en medio de los ensayos finales de las obras Gemelos y Pinocchio, que serán parte del próximo Festival Internacional Santiago a Mil.

PINOCCHIO

La nueva versión de Pinocchio se presentará en Santiago a Mil 2018

¿Ha sido una línea de sus trabajos como TeatroCinema tratar temas relativos al sujeto contemporáneo y sus problemas?

Uno se empieza a encontrar con esos contenidos que tienen que ver con lo que te preocupa, con lo que estás viviendo y pasas a ser como una ventana o un reflejo de lo que se vive en el mundo. También nos  gustaría hablar de cosas más bellas, pero los tiempos a veces no dan para eso.

La Troppa participó en la primera versión del Festival. ¿Cómo lo recuerdas?

Fue un espacio y momento para empezar a pujar juntos por algo, con un sentimiento colectivo de hacer más presente el arte escénico.

¿Cómo recuerdas que fue la reacción del público?

Súper buena. Era un público con avidez de participar de estas ideas de presencia que se instalaban en la Estación Mapocho.

Casi todas las obras de La Troppa y posteriormente de Teatro Cinema se han presentado en el Festival Santiago a MIl. ¿Cómo definirías su vínculo con el Festival?

Nos une el vínculo histórico de esos años. También ha existido la toma de riesgos o de desafíos en conjunto. Por ejemplo, Juan Carlos Zagal que le propuso a Carmen (Romero) hacer una coproducción y de este trabajo conjunto surgió Sin Sangre en 2007. Además de nuestro trabajo internacional y el del Festival se han creado nuevas oportunidades de retroalimentarnos. Producto de una de las giras que hicimos con Fitam surgió la posibilidad de trabajar con la Filarmónica de Los Ángeles, por ejemplo. Se empieza a armar una red, además de esa relación en el tiempo de 25 años.

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