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Diálogos a-distancia. Conexiones creativas entre Chile y Alemania – Parte 2


Diálogos a-distancia. Conexiones creativas entre Chile y Alemania – Parte 2

Qué conexiones, urgencias o búsquedas pueden existir entre creadores chilenos y alemanes? Mauricio Barría, director, dramaturgo y académico, explora las preguntas y apuestas que atraviesan la creación teatral de hoy, un síntoma que lo vuelve a conectar con su lado político. En estas cartas desde Leipzig, el académico se aproximará al espíritu de una época a través de tres obras de destacados artistas alemanes, tres urgencias y estrategias en correspondencia: hoy es el turno de Oratorium montaje del reconocido colectivo SheShePop.

Por Mauricio Barría

Un espacio vacío. Frente a nosotros una enorme pantalla desde la que empiezan a emerger palabras proyectadas. Al inicio son simples instrucciones, luego se nos invita a repetir lo que aparece escrito, de pronto, ya estamos dentro de una trama en la que, los que actúan, somos nosotros mismos.

¿Qué es eso de la propiedad, que separa a los que tienen de los que no tienen? ¿Quiénes ganan y quienes pierden con los procesos de privatización y gentrificación de los barrios? Es desde estas interrogantes que surge Oratorium montaje del reconocido colectivo SheShePop. La obra se caracteriza por adaptarse a la ciudad donde se realice. En ella interactúan el “coro de los delegados locales”, según la respectiva ciudad, y el “coro del público” que según la escena se divide, a su vez, en el coro de los que se definen tendencialmente por su condición social, por ejemplo, los que estudiaron una carrera en el campo de las humanidades, las que son madres, las que nacieron en la ex -RDA, los que habiendo vivido en la ex -RDA se declararon lutheranos o católicos, los que son propietarios etc. Los delegados locales por su parte, declaman citas, que leen desde una pantalla, y que provienen de pensadores y artistas (Brecht, Marx), o de políticos alemanes (Ulbricht, Merkel), en relación con la vivienda como una necesidad o un bien, y relatan su propia situación de vivienda en Leipzig, que hoy, producto de la especulación inmobiliaria comienza a dejar de ser el paraíso que fue. Entre estos delegados hay una escritora, una periodista, una heredera que a su vez trabaja en un voluntariado, un extranjero entre otros. Cada cual carga su propia historia sobre esta situación habitacional, historias disímiles que se encuentran sobre la escena.

El coro es un recurso recuperado principalmente por Brecht en su etapa más experimental en la que elabora sus “piezas de aprendizaje”. En estos trabajos Brecht renunciaba a trabajar con actores profesionales, y en su lugar ponía a obreros de un sindicato o a estudiantes de un Liceo a decir textos que enunciaban argumentos sobre un determinado dilema. En Oratorium este recurso coral se amplifica al constituir estos dos elencos ciudadanos, el Coro de delegados, quienes trabajaron con SheShePop en el proceso de montaje y varía según la ciudad donde se presenta; luego el propio público que asiste y que cambia de función en función, finalmente los actores de SheShePop que se suman a los demás participantes. Las pantallas cumplen la función de un apuntador permanente, un recordador de lo que hay que decir, pero también de lo que no hay que olvidar. Las pantallas se ubican una frente a la otra, es decir, mientras los espectadores leen desde una, determinadas frases, el coro de delegados lee desde otra, a nuestras espaldas, otros textos. Por intervalos unos u otros quedamos en silencio, unos u otros hablamos, generándose un dialogo que va y viene de las graderías a la escena y viceversa. La lectura se convierte en una ejecución en tiempo presente -en inglés, alemán y francés la palabra juego significa al mismo tiempo ejecutar un instrumento y actuar-un ejercicio vivo con todo lo impredecible, errático o cómico que puede llegar a tener un suceso performativo, pues como somos obligados a leer algo por primera vez, la duda surge continuamente, especialmente cuando no comparto aquello que debo repetir. Una suerte de mecanismo de distanciamiento de nuestras propias posiciones.  En definitiva, este gran ejercicio de repetición deviene en un Coro ciudadano en el que logramos la anagnórisis en el acto mismo de la enunciación.  Quien habla, quien delega, quien representa. La palabra se desprivatiza no hay espectadores no hay actores lo que hay son preguntas que desnaturalizan nuestro vínculo con la propiedad, con la vergüenza de ser herederos, o con la urgencia de encontrar un departamento donde habitar, al final un refugiado nos habla del absurdo de perderlo todo por la guerra.

She She Pop es un colectivo de performance que se fundó en los años 90 en el Instituto de Estudios de Teatro Aplicado de Giessen. Los miembros del grupo son predominantemente mujeres y trabajan como un colectivo. Los artistas se ven a sí mismos como autores, dramaturgos y practicantes de su arte escénico. La inclusión de sus propias autobiografías es sobre todo el método y no el propósito de su trabajo. El resultado es una forma de teatro firmemente comprometida con la experimentación. Residen en Berlín desde 1998.

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