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15 abril 2019

Cada minuto cuenta: 2118, tragedia futurista

12 de abril | 18:00 hrs

Los primeros días de abril trajeron consigo las poco ansiadas bajas de temperatura, y hoy no es la excepción. Entre el viento y las hojas que caen de los árboles de la Quinta Normal, me acerco al centro cultural Matucana 100 camino al backstage de una de las compañías más importantes de la escena local: La Patogallina. Con veinte años de trayectoria, el colectivo teatral se prepara para presentar el ciclo Teatro HOY, su nueva creación. Dos horas antes de que parta la función de hoy el elenco ya se encuentra ensayando. Martín Erazo desde abajo del escenario les pide que repasen una que otra escena para pulir ciertos detalles. El grupo está compuesto por 15 personas y todos están haciendo algo diferente. Mientras unos ensayan con el director, otros se ejercitan, comen y peinan en los diferentes espacios que hay tanto detrás del escenario como en los camarines.

2118, tragedia futurista es la nueva creación del colectivo que por primera vez utiliza las marionetas como el soporte principal de su obra. Detrás del escenario encuentro los muñecos que darán vida a los personajes más oscuros de la historia de Chile, esos que Ana, la protagonista interpretada por dos actrices y dos muñecas, buscará vengar para cambiar su presente.



El recorrido entre los objetos que dan vida a este montaje es casi tan escalofriante como la historia que vamos a ver luego en la función. Los y las artistas deambulan de un lado para otro, ensayan sus posiciones y una de las dos actrices que interpreta a Ana, repite una y una vez sus pasos. Los músicos la acompañan con la melodía que guía sus movimientos. En este colectivo de personas preparándose para una nueva función se respira concentración, profesionalismo y un arduo trabajo que cuida todos los detalles antes de salir a darlo todo frente a un teatro principal repleto. A ratos se ríen unos con otros, hacen bromas, pero la mayor parte del tiempo están inmersos en la obra, en silencio. 2118, tragedia futurista es un montaje que tiene una carga política y emocional fuerte, después de todo lleva encima un collage tejido de los relatos más terribles de nuestra historia, y a ratos pareciera que eso se nota en el ambiente.


 


Martín Erazo está preocupado de todo. Se sube al escenario para dirigir algunas escenas de cerca y se aleja para ver el cuadro completo desde una butaca en primera fila. Esta obra demuestra detrás del telón lo complejo que es hacer teatro de ciencia ficción, todo está cuidado para generar esos efectos especiales que luego nos dejarán boquiabiertos al hacer que Ana viaje por los túneles del tiempo. Ya más lejos del escenario en los camarines se distienden los manipuladores y artistas. Es un backstage diferente, no hay cambios de vestuario, porque todo sucede mientras las obra está andando. Algunos ejercitan hasta el último momento, luego notaré que la obra requiere de una destreza física impresionante. Voy saliendo del escenario, ya comienza a acercarse la hora, pero antes de bajar me encuentro con un rostro conocido, es Camilo Catrillanca, es un muñeco con su cara. Se me sobrecoge el corazón. Bajo y espero a que la magia suceda ante mis ojos. GRACIAS PATOGALLINA. 



 


Texto y fotos por Constanza Rifo


 

 

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